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Hola, me llamo Piluca, soy una silla, bueno, lo que queda de ella, y mi vida cambió de manera radical hace 7 años. Esta es mi historia…

 Vivo en Zaragoza, en el centro…..en una zona con muchas tiendas….tengo muchos amigos en mi barrio, me encanta vivir aquí….todos nos conocemos y nos saludamos por la calle, nos contamos todo lo bueno que nos pasa, y nos apoyamos en los momentos malos. Cuando hace calorcito, en la primavera y el verano, nos encontramos en las terrazas y así pasamos la tarde.

 Me presento…..Soy Piluca, si, ya sé que ya os lo he dicho…pero así os acordáis….soy  una silla de salón, y hace muchos años me lo pasaba genial. Compartía momentos divertidos con mis amigos, el sillón, la mesa, el mueble de la TV, la estantería, nos contábamos chistes, recordábamos las cosas…disfrutábamos contándonos historias de cosas que nos pasaban cada día, que si el niño pequeño de la casa me ha tirado el chocolate caliente encima y la mancha no se puede quitar,  que si me han colocado unos libros nuevos…en fin, historias de casa.

Casi todos los años, llegaba alguien nuevo a casa….los niños iban creciendo y quieren mesas pasara estudiar, los abuelos se quedan a vivir durante unos meses y hay que ponerles un dormitorio, esto crea bastantes peleas en casa, porque claro, ¿quién deja su cuarto para mudarse a otro? La niña no quiere ir a un cuarto de chico, y el chico a un cuarto con posters de otros adolescentes con gomina cantando, pues como que no.

Cuando llegaban los nuevos, al principio se hacían los interesantes….como eran nuevos se creían especiales….pero menos una mesilla que no hay quien la aguante….todos al final hemos sido muy buenos amigos.

Estos amigos nuevos, eran gente bastante simpática, algunos más que otros, no  nos engañemos. Una vez llego un sofá relax que no había quien lo aguantara, no paraba de hablar de sus curvas y de lo bien que daba los masajes, algo que nos parecía fantástico… si nos hubiera dejado probarlo claro, pero no, él era muy suyo y decía que nada que sólo  se podían sentar lo dueños de la casa, que nosotros lo manchábamos…ya ves, con lo limpios que estábamos siempre.

El día de la llegada de los nuevos era día de alboroto, aparecía mucha gente por casa, se ponía todo patas arriba, los transportistas y los montadores hacían su trabajo sin equivocarse, cada mueble en su sitio y todo encajado ‘como Dios manda’.

Pero eran otros tiempos…

La verdad es que ahora estamos ya todos cansados, estropeados y sin ganas de divertirnos. Los dueños de la casa nos cuidan fenomenal, nos pasan el trapo con productos embellecedores que nos hacen brillar, nos ponen jarrones con flores encima…en fin, lo que sea para hacernos parecer más jóvenes…pero no nos engañemos, estamos mayores y con ganas de descansar y los saltos de los niños nos machacan los riñones…

Pero todavía faltaba por llegar lo peor…ya nada es igual….la tristeza ha llegado a nuestra casa….bueno a la mía y por lo que he oído a la de los vecinos…

Un día, nos pusimos todos muy contentos, la familia de la casa decidió que tenía que comprar muebles nuevos para la casa…¡¡¡qué bien!!!! Por fin, compañeros nuevos, armarios fuertes  y robustos, mesas especiales con carácter aragonés, sillas cómodas con respaldos para descansar la espalda…todo parecía ser como antes.

Pero era sólo un espejismo…

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